Denunciar y seguir con miedo: la realidad que enfrentan miles de mujeres víctimas de violencia de género en República Dominicana

 

Santo Domingo, R.D.— Para muchas mujeres dominicanas, denunciar la violencia de género no representa el fin del peligro, sino el inicio de una etapa marcada por el miedo, la incertidumbre y la necesidad de cambiar por completo su estilo de vida.

"Nosotras no tenemos escapatoria. Si denunciamos, corremos peligro; si no denunciamos, nos preguntan por qué no lo hicimos. Es como si la víctima siempre fuera la culpable", expresa Macier Guerra Valenzuela, abogada y comunicadora, al describir la realidad que vive desde que decidió denunciar por presunta violencia a su expareja, Javier Gabriel Vizcaíno Bremón.

Lejos de recuperar la tranquilidad, Guerra asegura que su vida dio un giro. Desde la denuncia comenzó a cuestionarse si volvería a sentirse segura, si podría regresar sin temor a su hogar o incluso continuar ejerciendo su profesión. El miedo, afirma, pasó a formar parte de su rutina.

Según relata, la orden de alejamiento contra su presunto agresor fue emitida dos años después de presentar la denuncia, en 2024. Sin embargo, su temor se intensificó en enero de 2026, cuando su prima, Licairis Yalibes Díaz Valenzuela, fue asesinada presuntamente por su expareja.

"Después de eso pensé que yo podía ser la próxima", asegura.

Cuando la víctima cambia su vida y el agresor continúa la suya

La experiencia de Macier no es un caso aislado. Muchas mujeres terminan abandonando sus viviendas, renunciando a sus empleos, modificando sus rutas diarias o escondiendo su ubicación para evitar encontrarse con sus agresores.

Mientras ellas reorganizan completamente sus vidas para protegerse, en muchos casos los agresores continúan desarrollando sus actividades cotidianas con pocas restricciones.

Para el psicólogo social especializado en violencia de género Jhoan Almonte Mateo, este patrón evidencia una falla estructural del sistema de protección.

"La mujer es quien debe mudarse, cambiar de empleo, modificar su rutina o esconderse, mientras el agresor continúa moviéndose con relativa libertad. El centro de la respuesta no debe ser restringir la vida de la víctima, sino limitar efectivamente la capacidad de daño del agresor", sostiene.

Vivir con miedo deja secuelas

El impacto de la violencia no termina con la agresión física o la denuncia judicial. El doctor en Neurociencia Cognitiva Aplicada Oom Blanco explica que permanecer en un estado constante de alerta afecta profundamente la salud mental.

Entre las principales consecuencias menciona trastornos del sueño, dificultades para concentrarse, agotamiento físico y emocional, pérdida de identidad y una sensación permanente de inseguridad, incluso en espacios considerados seguros.

Según el especialista, muchas mujeres modifican todas sus rutinas para evitar cualquier contacto con el agresor.

"En terapia es frecuente escuchar frases como: 'Ya no sé si estoy huyendo o viviendo'", señala.

A esto se suman sentimientos de culpa, aislamiento y constantes dudas sobre sus propias decisiones, factores que dificultan recuperar la confianza y la estabilidad emocional.

Más de 17 mil denuncias en apenas tres meses

Las estadísticas del Ministerio Público reflejan la magnitud del problema.

Durante el primer trimestre de 2026 se registraron 17,552 denuncias relacionadas con violencia de género, intrafamiliar y delitos sexuales.

Del total:

  • 52.49 % correspondió a violencia intrafamiliar.
  • 36.94 % a violencia contra la mujer.
  • 10.57 % a delitos sexuales.

Santo Domingo encabezó la lista con 5,766 denuncias, seguido por San Cristóbal (1,286) y Santiago (1,252).

El informe también revela que casi la mitad de los agresores identificados (49 %) eran exparejas de las víctimas, mientras que un 18.25 % correspondía a parejas actuales.

Durante ese mismo período el Ministerio Público solicitó 7,644 órdenes de protección, de las cuales los tribunales concedieron 2,234.

A pesar de estas medidas, entre enero y marzo se registraron 22 feminicidios. Doce fueron cometidos por parejas actuales y ocho por exparejas. Solo tres de las víctimas habían denunciado previamente.

Las debilidades del sistema

Para el exfiscal del Distrito Nacional José Manuel Hernández Peguero, las órdenes de protección pierden efectividad cuando no existe un seguimiento que garantice su cumplimiento.

"Es evidente la ineficacia de la orden de protección", afirma.

A su juicio, muchas mujeres abandonan los procesos judiciales porque enfrentan dificultades económicas, carecen de apoyo psicológico y temen quedarse sin recursos para sostener a sus hijos.

El jurista recuerda que aproximadamente el 86 % de las víctimas de feminicidio nunca había presentado una denuncia, una cifra que atribuye, en parte, a la falta de confianza en el sistema de protección.

La respuesta institucional

La procuradora fiscal Belkis Rodríguez, coordinadora de la Unidad de Atención y Prevención de la Violencia de Género, Intrafamiliar y Delitos Sexuales del Distrito Nacional, explica que cuando una mujer enfrenta un riesgo elevado el Ministerio Público puede gestionar su ingreso a una casa de acogida.

No obstante, reconoce que muchas prefieren permanecer cerca de sus hijos, familiares o lugares de trabajo.

"La gran mayoría prefiere permanecer cerca de su familia, su trabajo o sus hijos, una decisión que tampoco debe cuestionarse por su condición de víctima", señala.

Rodríguez admite además que las unidades especializadas enfrentan limitaciones de personal, aunque informó que se trabaja en la incorporación de nuevos fiscales.

Por su parte, el Ministerio de la Mujer asegura que ofrece atención psicológica, asesoría legal, trabajo social y planes de seguridad para las víctimas, pero reconoce que una orden de protección por sí sola no garantiza que cesen las agresiones si no existe un seguimiento efectivo.

"Ahora él viene, me mata y ya soy una víctima más"

Laura, nombre ficticio utilizado para proteger su identidad, también vive con miedo desde que denunció a su expareja.

Después de presentar la querella abandonó la vivienda donde residía junto a sus dos hijas y un hermano con síndrome de Down. Actualmente permanece en casa de un familiar por temor a nuevas agresiones.

Relata que su expareja irrumpió armado en su vivienda y realizó varios disparos mientras ella se encontraba con su familia. Aunque el caso llegó a los tribunales, el imputado recuperó la libertad.

Laura asegura que durante el proceso judicial sintió que las pruebas que presentó no fueron valoradas.

"Ni siquiera me recibieron los mensajes, las fotos ni los videos que llevé. Ahora él viene, me mata y ya soy una víctima más de este país".

Su testimonio resume el sentimiento que comparten muchas mujeres: denunciar continúa siendo un paso necesario, pero para numerosas víctimas aún no significa vivir sin miedo.



Fuente diariolibre.com 

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